Indurain era el nombre que le pusimos a un perrito, que encontramos abandonado alla por el verano del 90, (que tiempos aquellos), época en la que disfrutamos como nunca delante del televisor, viendo las hazañas del mítico Indurain. Desde esas fechas y viniendo de una familia de ciclistas, siempre he tenido el gusanillo por la bicicleta. Hoy estoy de estreno, ya que he adquirido la bici que está en la foto. Mi mujer dice que a ver lo que me dura la fiebre por la bicicleta.
Ya estoy deseando que sean las 8 de la mañana para salir y estrenar mi maquina con mi amigo de ruta "Pardo". Lo dicho "Que tiemble Indurain".

Seguiré informando:)